CÓMO GESTIONAR LA RESISTENCIA A LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL DEL SECTOR LEGAL.

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No es ningún secreto que uno de los principales stoppers para que la transformación digital del sector legal avance con cierta agilidad, es la resistencia al cambio que ofrecemos los propios profesionales.

Es público y notorio que los juristas tenemos mucho apego a los modos y métodos tradicionales de ejercer nuestra profesión, y bajo el convencimiento de que todas nuestras tareas y partidas de trabajo, son sólo posible desarrollarlas a través de un trabajo artesano, nos cuesta dar cabida a cualquier concepto relacionado con la automatización.

No lo digo yo. De hecho, son múltiples los informes, encuestas y estudios que reflejan la resistencia al cambio como principal obstáculo a la transformación digital de nuestro sector.

Está claro que a nadie le agrada salir de su zona de confort. Y eso es lo que implica el proceso de transformación digital: emplear metodologías, sistemas y herramientas hasta el momento no empleadas en nuestro día a día, con el objeto de mejorar eficiencias y elevar las cotas de calidad y excelencia de nuestra actividad. Porque si bien es cierto que la innovación y las nuevas tecnologías nos permitirán optimizar nuestro tiempo y nuestros recursos, y realizar nuestro trabajo de forma más ágil y eficaz, no debemos olvidar que el proceso de integración e implantación de nuevas metodologías requerirán de ciertos esfuerzos para adaptarnos a los nuevos modos de desarrollar nuestra actividad y prestar nuestros servicios.

El miedo a lo desconocido asusta. Y no saber cómo vamos a poder gestionar nuestras partidas de trabajo a través de soluciones nunca antes empleadas, con los plazos comiéndonos, y necesitando atenderlos a la mayor brevedad, es difícilmente encajable con los tiempos de aprendizaje que las nuevas herramientas y métodos demandarán durante el proceso de integración e implantación.

Es por ello que para que este sobre esfuerzo compense, se tenga meridianamente claro todos los beneficios y ventajas que este proceso nos aportará. Y este ejercicio claramente se constituye como básico y necesario para que pueda empezar a ser doblegada esa resistencia al cambio, que mayoritariamente impera en nuestro colectivo.

Trayendo un visual ejemplo de otro ámbito, que nos ayudará a comprender el alcance de esta labor previa, apuntarnos al gimnasio, sin el pleno convencimiento de que practicar deporte a diario será una gran inversión para nuestra salud física y mental, y que además nos ayudará a mejorar nuestra figura, dificultará y demorará la toma de la pertinente decisión, y pronosticará una escasa durabilidad en la práctica de este nuevo hábito.

Aprovechando las similitudes, y salvando las distancias, en el mismo sentido, se necesitará conocer las ventajas y bondades que la transformación digital aportará a nuestra actividad, para que, de forma decidida y convencida, demos el primer paso.

Pero claro, aquí no hay médicos ni expertos que nos indiquen qué es lo mejor para mantener la salud de nuestro despacho.

Y parece que debemos dejarnos llevar por una tendencia generalizada y un tema común del que todos hablan. Una carrera por obtener las mejores posiciones reputacionales, dado el prestigio que la integración de nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial o el Machine Learning otorgan. Porque no cabe duda que la integración de estas soluciones para robotizar nuestros procesos, nos hace posicionarnos a la vanguardia de esta tendencia y “ganar puntos” de cara a nuestros clientes.

Y es en ese momento, en el que nos invade el otro miedo. El de poder quedarnos fuera del mercado porque la competencia haya implementado e integrado herramientas que le permitan ofrecer servicios de mejor calidad y con precios más asequibles, con los que no podamos competir.

Ante la madurez digital de la competencia, es normal que nos preguntemos cómo han conseguido avanzar, porque sobre transformación digital, no es que abunden los contenidos con los que instruirnos, y escasea la información, datos, casos de uso y ejemplos prácticos, con los que podamos llegar a esa certeza. Y no olvidemos, que la mayoría de los ejercientes no hemos sido instruidos ni formados en esta materia en la Facultad de Derecho.

Porque si bien podremos contar con expertos y consultores que podrán ayudarnos a acometer el proceso de transformación, implementando e integrando las distintas herramientas digitales que nos ayuden en nuestros trabajo, el ejercicio previo que nos impulse a acometer el cambio, requiere de un ejercicio propio interno y de convencimiento, al que solo se podrá llegar a través de la formación y el conocimiento con los que instruirnos en las distintas funcionalidades que las tecnologías y las nuevas metodologías nos ofrecen.

Conocer para qué sirven, detectar cómo pueden ayudarnos, confirmar por qué debemos integrarlas, y visualizar qué beneficios y ventajas nos procuraran, se hace esencial. Sólo entonces, podremos dar de forma decidida, ese primer paso que nos introduzca en este nuevo contexto en el que se reinterpreta y redefine la prestación de los servicios jurídicos.

Los manuales y monográficos sobre la materia, los masters, ciclos y cursos formativos, artículos y podcast, las jornadas, congresos, ferias y resto de eventos sobre legal tech, transformación digital e innovación, son claves en este proceso.

Es por ello que, desde las facultades, colegios profesionales, órganos representativos de la profesión, instituciones docentes, asociaciones y corporaciones propias del sector, es fundamental que se organicen ciclos formativos, eventos, congresos y fórums; se promueva la creación de contenidos y su difusión; proliferen los hubs como núcleos en los que compartir experiencias y conocimientos. Y en definitiva, se cree una comunidad con un único propósito transformativo, como medio para elevar aún más la calidad de nuestra actividad, mejorando de forma exponencial la excelencia de los servicios profesionales ofrecidos a nuestros clientes.

Rocío Ramírez Torres                                                                                                                                                                                                                      Directora de Procesos Legales

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